Los caficultores mexicanos tienen 54 años de media y 11% menos de 35

Un estudio de la OIC con 883 productores sitúa al caficultor mexicano medio en 54 años, con solo 11% por debajo de 35 y la hectárea en $922 al año.
La cifra más citada sobre el cultivo de café en México es un tonelaje. La que pesa más es una edad. Un estudio de cadena publicado por la Organización Internacional del Café, levantado con entrevistas a 883 productores, sitúa en 54 años la edad media de quien recoge la cosecha.
Una segunda cifra cuesta más de apartar. Solo 11% de los productores encuestados tenía menos de 35 años, mientras que más de 20% había pasado los 65. Un origen rara vez se queda sin tierra primero. Se queda sin gente dispuesta a trabajarla.
Quiénes son en realidad los caficultores mexicanos
Unas 545.000 personas cultivan café en México sobre unas 712.000 hectáreas, según las cifras del SIAP de 2021 que cita el estudio. Cuatro estados concentran 85% de esa superficie y 90% de la cosecha: Chiapas, Veracruz, Oaxaca y Puebla. El resto queda disperso.
El trabajo lo realizó el Committee on Sustainability Assessment junto con la secretaría mexicana de agricultura y su instituto nacional de investigación, el INIFAP, con financiación de la GIZ. Las 883 entrevistas arrancaron en febrero de 2023. Es una muestra, no un censo, y el informe lo repite.
La curva de edad bajo el cultivo de café en México
La media es de 54 años, y su forma es el problema. Solo 11% de los productores tiene menos de 35. Más de 20% pasa de 65 y sigue subiendo las mismas laderas que subía a los 30. El productor medio acumula 23 años de oficio junto a poca escolaridad formal, una mezcla que da un ojo finísimo en el campo y muy pocas salidas.
La tierra no lo suaviza. La superficie media por finca en la muestra es de 2,9 hectáreas, y el mercado de tierras apenas se mueve, así que quien quiere crecer casi nunca puede. El propio estudio rehace las cuentas finca por finca.

Lo que cuesta una hectárea antes de vender un grano
Mantener una hectárea cuesta cerca de $922 al año en la contabilidad del estudio, o unos $97 por quintal de café pergamino seco. Un quintal equivale aquí a 57,5 kg de café verde, la conversión que hace comparable una cifra de finca mexicana con cualquier cotización de bolsa.
La mano de obra se lleva 68%, repartida entre trabajo familiar con 37% y jornaleros con 31%. Solo la cosecha supone 48% de los costos de producción de café, porque las cerezas maduran desparejo y alguien tiene que recorrer los surcos una y otra vez. Fertilizantes y plaguicidas toman 28%. La depreciación del equipo toma 4%. Súmese el transporte, el costo de oportunidad de la tierra y la amortización de las plantas jóvenes, y la cifra real sube a unos $1.358 por hectárea, 47% por encima del titular. La densidad cambia esa cuenta, y por eso las parcelas pequeñas y los altos rendimientos de Puebla se leen distinto en el papel.
El hogar que la cosecha tiene que sostener
Los ingresos de los caficultores son aquí una cifra de hogar, no un salario. Rondan $4.054 al año, y el café aporta cerca de 65%. El resto llega del jornal y de otros cultivos. Las familias caficultoras suman 3,3 integrantes de media, 76% en edad de trabajar, casi siempre con dos personas aportando.
La organización es escasa. Apenas 17% de los productores encuestados pertenece a un grupo que ofrezca acompañamiento técnico o acceso al mercado, una proporción baja en un país donde las cooperativas llenaron después de 1989 el hueco que dejó el comprador estatal. Para el resto, el precio es el que diga esa semana el comprador de la carretera.

Por qué la cuenta empuja a los jóvenes a otro lado
Con eficiencia mediana una finca saca 8 quintales por hectárea, unos 460 kg de café pergamino seco, a un costo cercano a $717 por hectárea. El estudio modela lo que haría una mejor práctica: productividad 107% arriba, costo por kilo 19% abajo, ingreso neto 51% arriba. Luego llega la parte incómoda: ni con esas ganancias muchos productores salen de la línea de pobreza. Es un modelo, no una promesa.
Los precios también se mueven. La temporada de referencia, 2021/22, pagó $4,04 por kilo de café verde, y el beneficio húmedo se llevó unos $0,97 por kilo antes de que el café saliera de la región. Las pequeñas fincas de café cargan ese margen sin colchón. El sector cafetalero mexicano aguanta un mal año. Un productor de 54 años con 2,9 hectáreas y un hijo adulto ya instalado en la ciudad, no.
Dos cifras de ese informe, separadas por unas páginas, dicen juntas más que cada una por su lado: lo que cuesta mantener una hectárea y lo que los ingresos de los caficultores deben cubrir en un año. Ponlas lado a lado y la curva de edad deja de sorprender.
¿Qué debería contarte una bolsa de arábica mexicano?

Cifras así se quedan mejor en la cabeza cuando el café de la alacena lleva un origen y no un código de mezcla. Santo Café tuesta arábica mexicano y lo pone en el frente del paquete, que es lo mínimo. Lo que ocurre entre la montaña y el molino es el resto de la historia.
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